Cómo probar que tu frase semilla funciona sin mover los bitcoin
Tenés las palabras anotadas. Están completas, legibles, guardadas. Y no tenés forma de saber si sirven — hasta el día en que las necesitás, que es exactamente el peor día para enterarte.
Un respaldo no está probado porque esté prolijo. Está probado cuando alguien comprobó que reconstruye tu billetera. Son dos cosas distintas, y casi todo el mundo hace la primera y cree que hizo la segunda.
Por qué «la billetera dice que es válida» no prueba nada
Cuando escribís doce palabras y el software las acepta, lo único que pasó es que la suma de verificación cerró. En BIP-39 esa suma son cuatro bits sobre ciento veintiocho de entropía: aproximadamente una de cada dieciséis combinaciones de doce palabras de la lista pasa ese control.
O sea que podés escribir doce palabras al azar, que te las acepte, que te abra una billetera de verdad, y que esa billetera esté vacía — porque nunca fue la tuya. La suma verifica la forma, no la propiedad. Es un detector de errores de tipeo, y para eso es excelente. No es una prueba de que el papel sea el tuyo.
El método que todos recomiendan, y lo que tiene de malo
El consejo habitual es restaurar la frase en otra billetera y mirar el saldo. Funciona, pero tiene dos problemas serios.
- Escribís tus palabras en un dispositivo más. Cada lugar donde tipeás la frase es una superficie nueva: un teclado, un portapapeles, una app que quizás guarda más de lo que dice. Si el objetivo era no exponer el respaldo, el método lo expone.
- Si aparece cero, no aprendiste nada. Una misma semilla abre cuatro billeteras distintas y todas válidas, según el formato de dirección que use el programa. Restaurar en una billetera que deriva un formato y no ver fondos es perfectamente compatible con que tu respaldo esté bien. Ese es el caso que más asusta a la gente sin motivo, y también el que a veces esconde un problema real.
La comprobación que sí cierra, y usa sólo la parte pública
Hay una asimetría que hace todo esto posible: de tu frase sale una clave pública extendida, y de esa clave salen todas tus direcciones. La clave pública no puede firmar, no puede gastar y no sirve para robar. Sólo sirve para calcular direcciones.
Entonces la pregunta «¿estas palabras arman mi billetera?» se contesta sin tocar la billetera:
- Sacás de tu billetera la clave pública extendida (
xpub,ypubozpubsegún el formato). - Tomás una dirección que sepas con certeza que es tuya — una que hayas usado para recibir.
- Se derivan las direcciones de esa clave y se busca si alguna es esa.
Si aparece, quedó demostrado que lo que tenés anotado es lo que construyó tu billetera. Si no aparece en ninguno de los cuatro formatos, tenés un problema concreto y ubicado — que es infinitamente mejor que una duda difusa.
Por qué esto se hace en tu navegador y no en un servidor. La clave pública extendida no puede gastar, pero sí revela todas tus direcciones y todos tus saldos, para siempre. Mandarla a un sitio ajeno es regalar tu historial financiero completo. Por eso el cálculo corre en tu máquina y la página declara connect-src 'none': no puede enviar un byte a ningún lado aunque quisiera, y eso lo comprobás vos en el panel de red del navegador.
Qué NO queda probado, aunque coincida
Ser preciso acá vale más que festejar.
- La passphrase. Si usás una palabra extra sobre las doce, tené en cuenta que una passphrase no tiene suma de verificación: cualquiera es válida y abre una billetera real y distinta. Si la comprobación la hiciste sin passphrase, ese pedazo sigue sin probar.
- Que el papel sobreviva. Tinta, humedad, mudanzas, incendios. Eso no lo prueba ningún cálculo: lo prueba el soporte y la cantidad de lugares.
- Que otra persona pueda usarlo. Vos sabés qué billetera era y si hay passphrase. Quien venga después, no. Esa es la dependencia que se lleva la mayoría de las monedas perdidas, y no la resuelve ninguna verificación técnica.
Hacelo ahora
La comprobación tarda un minuto y no pide ni tu frase, ni tu clave privada, ni una contraseña. Sólo la clave pública extendida y una dirección tuya.
Y si lo que te preocupa no es si las palabras sirven sino qué pasa el día que vos no estés, o que tengas una sola copia: seis preguntas mapean esas dependencias y te devuelven una sola cosa para hacer hoy. Sin secretos, en tu navegador.